domingo, 12 de agosto de 2012

Plegaria de los Padres



Siendo tan necesaria la ayuda de Dios para entender a los hijos y educarlos, es por lo que te dirijo ¡Oh Señor Misericordioso!  Desde el fondo de mi alma este ferviente ruego:

Ayúdame señor, te lo suplico, a entender a mis hijos. A escucharlos pacientemente cuando tengan algo que decirme, y a contestar sus preguntas sin alterarme. No permitas que los interrumpa y menos que los contradiga sin razón. Concédeme la Gracia de ser siempre tan cortés para que mis hijos, como yo quiero que ellos los sean conmigo cuando crezcan.

Dame el valor suficiente para confesar mis faltas contra mis hijos, y para pedir su perdón cuando sienta que les he hecho algún daño.

No permitas que nunca hiera con mis actos los sentimientos de mis hijos. Evita que me ría de sus errores o que los castigue avergonzándolos o poniéndolos en ridículo. Jamás permitas que induzca yo a mis hijos a mentir o a tomar lo ajeno. ¡Guíame siempre señor! hora tras hora, para que pueda yo demostrarles con todo cuanto haga o diga, que solo la honestidad y la honradez traen consigo la felicidad.

Hazme cada día más humilde y que deje ya de sermonearlos continuamente. Cuando me salga de mis casillas, ayúdame Señor, a contener la lengua.

Ciégame para no ver los pequeños errores de mis hijos, pero dame luz para ver bien las cosas buenas que tienen y que hacen.

Pon siempre en mis labios la palabra justa para cuando merezcan elogio. Ayúdame a tratarlos de acuerdo con su edad y no permitas que exija de ellos que razonen como adultos y tenga el juicio que solo de la experiencia.

No permitas que les robe la oportunidad de cuidarse ellos mismos y de que piensen y lleven a cabo sus propias decisiones.

Una cosa sobre todo te pido Señor: que no permitas que llegue nunca a castigar a mis hijos tan solo para satisfacer mi egoísmo: que nunca descargue sobre ellos mi ira. Permíteme que pueda yo concederles todas las satisfacciones que sean razonables, pero al mismo tiempo haz que tenga las satisfacciones que sean razonables, pero al mismo tiempo haz que tenga el valor suficiente para no concederles cualquier privilegio que pueda perjudicarles.

Permíteme que sea tan equitativo, tan justo y amigable para con mis hijos, que ellos sientan autentica estimación por mi.

Concédeme finalmente, ¡Señor Todopoderoso! Que sea siempre digno de que mis hijos me amen y de que me imiten en lo bueno.

Tomado: Dedicatoria a los padres en su día (1979) Escuela Carmen Serdán
Imagen: SilverPlanet Nomad 201 (http://goo.gl/D6zpj)